i m a g i n e r í a



El registro de mis contemplaciones se volvió compulsivo desde que empecé a hacer y editar imágenes con el teléfono móvil y a compartirlas en redes sociales. Nuevos medios para temas tan anticuados como la belleza y la poesía visual. 

Después me compré una cámara buena y me eduqué fotográficamente; hasta imprimí una maqueta de fotolibro.

Aun así, sigo mirando con el ojo del corazón, despreocupada de equipo y técnica, de seguidores y likes, y sobre todo de discursos, lo que se ha convertido en una fuente renovable de presencia, inspiración y gozo y en el mejor antídoto a mi interiorismo.

He agrupado las imágenes en tres bloques y tres plataformas online: VSCO, Instagram y Facebook, aunque solo sigo alimentando las dos primeras.

S I L E N C I A R I O  (en blanco y negro) es el contrapunto a mi imaginería en color y a FoRtografía: la calle no calla, un muro donde tomar el pulso y el discurso a la Ciudad, registrando sus carteles, letreros, graffitis, rótulos, arte urbano, décollages, versos libres y letras sueltas.