c a s a d e c i t a s


has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento 
con tus propios huesos

has terminado sola
lo que nadie comenzó 

Alejandra Pizarnik

(...) os he dicho en este texto que Shakespeare tenía una hermana: pero no la busquéis en la biografía del poeta escrita por Sir Sidney Lee. Ella murió joven...y no escribió ni una sola palabra. Está enterrada donde paran ahora los autobuses, enfrente de Elephant and Castle. Yo creo que esta poeta que no escribió una sola palabra y fue enterrada en un cruce de caminos, sigue viva. Vive en vosotras y en mí, y en otras muchas mujeres que no están aquí esta noche, porque están fregando los platos y acostando a sus hijas e hijos. Pero ella vive: porque las grandes poetas no mueren: son presencias continuas: les basta una oportunidad para encarnarse entre nosotras. Pienso que empezáis a tener el poder de darle esta oportunidad. Porque creo que si vivimos un siglo más o así - hablo de la vida común, que es la vida real, y no las pequeñas vidas separadas que vivimos individualmente - y tenemos cada una quinientas libras al año y cuartos propios, si tenemos la costumbre de la libertad y la valentía de escribir exactamente lo que pensamos, si nos alejamos un poco de la sala de estar común y vemos las criaturas humanas no sólo en relación entre sí sino en relación con la realidad, y también el cielo o los árboles o lo que sea, en sí mismos, si miramos más allá del fantasma de Milton, porque ningún ser humano nos debería tapar la vista, si afrontamos el hecho -pues es un hecho - de que no hay un brazo del que colgarse sino que andamos solas y nuestra relación es con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y de las mujeres, entonces llegará la ocasión de que la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare se ponga el cuerpo que tan ha menudo ha depuesto. Ella nacerá derivando su vida de las vidas de las desconocidas que la precedieron, como hizo su hermano antes que ella. Que ella llegue sin esa preparación, sin ese esfuerzo nuestro, sin la determinación de que cuando vuelva a nacer le será posible vivir y escribir su poesía, no lo podemos esperar, porque sería imposible. Pero yo sostengo que vendrá si trabajamos para ella, y que trabajar así, incluso en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.

Virginia Woolf, Un cuarto propio (1929)


(...) creo que la casa vieja y la niña oscura sellamos un pacto en las tinieblas. inventamos extraños mitos órficos, secretos ritos subterráneos, para escapar así a la diosa de la luz, Atenea tonante; introdujimos tenaces el desorden, la angustia, lo ambiguo y mutilado en un universo que se creía o al menos se quería perfecto. Y en esta guarida, en esta gruta hechizada y maléfica y enternecedora, floreció el país de las maravillas y de nunca jamás. 

Esther Tusquets, El mismo mar de todos los veranos (1978)

         La Naturaleza es una Casa Embrujada - pero el Arte- una Casa que trata de embrujarse.
                                                                                                                                     Emily Dickinson




















Louise Bourgeois, Femme-Maison (1994)