l u m b r e


Tal vez mis primeras puntadas poéticas fueron "Galicia tiene muchas sombras", el título de una redacción que hice en la escuela. Algunos años después escribí un largo inventario poético que empezaba así: Catasol es un murmullo de cosas vivas y de silencios.

Creo que no sería aprendiz de poeta ni de tantas otras cosas de no haber pasado largos veranos en esa aldea, espiando el quehacer y los misterios del campo. 

En la casa donde nacieron mi abuela, mi madre y mi hermana, hay una cocina de leña nada más abrir la puerta que hoy todavía encendemos: a lareira (el hogar, la llar). Muchas veces le he escuchado a mi padre esta advertencia: que non morra o lume, que no se apague la lumbre. Así sea.


m e i G a l i c i a

Busqué las almas  de mis antepasados:
no estaban en las dobleces de los retratos
ni entre los muros románicos del camposanto.
Las entreví en las penumbras del monte, 
en el musgo, los helechos,
en el carvallo y el castaño,
en el forraje, el grano, la carcoma,
en los nidos abandonados,
en la trucha escapando a la piedra del ocioso,
en el silencio espeso de la niebla, 
en la lluvia más fina

e na lareira.